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Cuento de Caperucita Roja

Caperucita Roja

Cuento de Caperucita Roja

Personajes principales del cuento.

  • La abuela
  • Caperucita Roja
  • Mamá de caperucita
  • Lobo Feroz
  • Guardabosques

La historia comienza un día en el bosque, con Caperucita y su madre.

Érase una vez una pequeña niña tan linda y adorable que todo el mundo le tomaba aprecio al conocerla, era especialmente amada por su madre y por su abuela quienes la llenaban de regalos y no había regalo que no le hubiesen dado ya, a pesar de ello caperucita no era una niña berrinchuda ni mal agradecida, por el contrario era dulce y obediente pero curiosa como toda criatura.

Entre tanto regalo en una ocasión la abuela le obsequió una pequeña caperuza roja, esta prenda era una capucha con gorro en color rojo, era tan bonita que la niña la adoró al primer momento, y no dejaba de usarla una y otra vez y siempre que podía, iba con ella a la escuela, al bosque, a hacer mandados, en todos lados la pequeña niña la llevaba puesta y tanto la identificaban con ella que ya todo el mundo le llamaba “Caperucita Roja”

Caperucita roja siempre feliz andaba por el hermoso bosque cantando y tarareando canciones – Soy caperucita roja, una niña muy feliz….

 


Caperucita vivía con su madre a las orillas de un bosque, al otro lado del bosque se encontraba la casa de la abuela de la niña, había que cruzar todo el bosque para alcanzar el hogar de la anciana, pero a Caperucita le gustaba el trayecto, adoraba caminar por el bosque y cantar sus canciones, además adoraba visitar a la abuela, un buen día la abuela enfermó y la madre pidió con amor a Caperucita Roja ir a visitar a su abuela y llevarle un especial mandado.

Madre – Mira, Caperucita, aquí está esta canasta, lleva panquecitos, queso, un trozo de tarta y una botella de vino para la abuela que está un poco enferma, lleva esta canasta a la abuela esto seguro la reanimará, anda hija mía ve rápido con tu abuela, anda con cuidado y no te apartes del camino no vaya a ser que tropieces y la botella se rompa dejando a tu abuela sin nada.

Caperucita – No te preocupes, haré todo bien.

Madre – Camina tranquila y ve con cuidado, no olvides decirle “Buenos días, abuelita” y no andes curioseando por el bosque, y mucho menos te detengas a hablar con extraños.

Caperucita – Si madre, prometo andar con cuidado por el camino.

Y se fue Caperucita después de dar un beso a su madre.

Caperucita acostumbraba caminar y brincar y cantar por el bosque de camino a casa de su abuelita, y esta no sería la excepción.

Caperucita roja en el bosque

Así iba caperucita cantando esta canción:

“Soy Caperucita roja, que a abuelita voy a ver,

Y le llevo tortillas, mantequilla, pan y miel,

Como ella aún no sabe, que yo a visitarla iré

Una gran sorpresa y alegría le daré.

Soy caperucita roja, que a abuelita voy a ver,

Y le llevo tortitas, mantequilla, pan y miel.

Y también un lindo ramo, que yo le regalaré,

Es una gran sorpresa, que la abuela va a tener.

 

Y así iba la niña cantando por el bosque cuando de pronto apareció el lobo feroz, presentándose amablemente, con una suave voz y preguntando a Caperucita:

Lobo feroz. ¡Buenos días, Caperucita!

Caperucita roja – ¡Buenos días, lobo!

Lobo feroz -¿A dónde vas, Caperucita?

Caperucita sabía que no debía andar curioseando y que debía ir directo a casa de la abuela, pero su madre nunca le enseñó lo peligroso que era el lobo feroz, así que ella no era capaz de medir el peligro en el que se encontraba.

Caperucita Roja – A casa de la abuela.

Lobo feroz – Y ¿Qué llevas en esa canasta, Caperucita?

Caperucita- pan, torta, queso y vino. Mi madre y yo los horneamos ayer, mi abuela está enferma y estoy segura que esto la hará sentir mejor.

Lobo feroz – Dime, Caperucita ¿En dónde vive tu abuela?

Caperucita – vive más o menos medio kilómetro más adentro, su casa se encuentra bajo tres grandes robles a lado de unos avellanos pero, seguramente ya le habrás visto.

El Lobo feroz pensó que seguramente Caperucita sería un buen aperitivo, tan pequeña y dulce, su carne debía tener un delicioso sabor. “Pero debo ser cauteloso” – pensó – “Debo llegar allá antes que ella, debes actuar con astucia lobo, si deseas devorar a las dos” Y acompañó a caperucita por un tramo del camino.

Mientras caminaban el lobo se aseguró de ganar la confianza de la niña y darle como consejo cortar flores del bosque, pensando que así ganaría algo de tiempo.

Lobo feroz – Mira Caperucita, el paisaje es hermoso a tu alrededor ¿No lo crees así? Hay miles de flores que sin duda encantarán a tu abuelita, corta unas pequeña y llévaselas para que se sienta mejor, deja aquí tu cesta y anda a cortar unas cuantas, serán un bello presente para tu abuela.

Y caperucita pensó que sería buena idea cortar algunas flores y llevarlas a la abuela, además era demasiado temprano seguro la abuela no notaría que se retrasó unos minutos y un detalle así a ella le encantaría, alzo la mirada y al ver tan hermosa la mañana, los rayos del sol iluminado los campos de flores no resistió y arrancó algunas de ellas formando un hermoso ramo de mil colores.

En estos momentos es que el lobo feroz aprovecho y salió a escondidas y rápido hacia casa de la abuela a dónde llegó rápidamente.

¡¡Knock! ¡Knock!!

Abuela -¿Quién es?

Lobo feroz -Soy yo, abuela, Caperucita Roja, te traigo pan y vino, ábreme – Gritó el lobo feroz imitando lo mejor que pudo la voz de la niña.

Abuela – Pequeña mía no tienes más que girar la perilla y entrar, me encuentro muy débil, pasa por favor.

Dulces palabras a los oídos del lobo feroz, abrió la puerta y despacio entró en ella. Se acercó despacio a la recamara de la abuela y se postró frente a ella, la vio tan decaída que no fue problema alguno devorarla en un sólo bocado. De inmediato se puso su bata de dormir y su gorrito y se recostó en su cama cubierto por las cobijas para esperar a Caperucita.

Entre tanto Caperucita seguía brincoteando entre una y otra flor, veía una más hermosa que la otra así que poco a poco se adentró en el bosque encontrando a su paso flores más y más hermosas.

Cuando se dio cuenta de que eran demasiadas y apenas podía con ellas cogió la cesta de comida y se echó a andar hacía casa de la abuela, al llegar le sorprendió encontrar la puerta abierta y como un extraño presentimiento la invadió al instante pensó “¡Oh, Dios! Qué extraño, me he sentido siempre tan cómoda y feliz con la abuela y el día de hoy siento una gran pena”, sin embargo no hizo caso a tal presentimiento y siguió su camino.

Caperucita – ¡Buenos días, abuela!

Pero no se escuchó respuesta alguna, así que decidió entrar y acercarse a la recámara de la abuela, en donde la vio tumbada en la cama. Se acercó y al estar frente a ella notó que la abuela tenía un aspecto sumamente extraño.

Caperucita roja y el lobo feroz

Caperucita – ¡Oh abuela, qué aspecto tan extraño el tuyo, qué ojos tan grandes tienes!

Lobo feroz – Son para verte mejor, hija mía.

Caperucita – ¡Oh abuela, abuela, pero qué orejas tan grandes tienes!

Lobo feroz – Son para escucharte mejor, hijita mía.

Caperucita – ¡Oh abuelita, qué enormes manos tienes!

Lobo feroz – Son para cogerte mejor, hijita.

Caperucita – ¡Abuela, pero qué enormes y horrendos dientes tienes!

Lobo feroz – ¡Son para comerte mejor!

Y de un salto sale de la cama y antes de terminar la oración se come a caperucita de un sólo bocado.

Muy conforme y completamente saciado el lobo después de semejante festín, decidió tumbarse a dormir un rato, al caer profundamente dormido pasó el guardabosques y escuchó semejantes ronquidos, “pero que ronquidos tan fuertes tiene la abuela, pasaré a verla, no sea que tenga algún problema” pensó.

Y al llegar a la puerta se encontró con una puerta abierta de par en par, entró y se dirigió a la recamara y cuál fue la sorpresa al ver al lobo tumbado en la cama durmiendo plácidamente.

Guardabosque – ¡Aquí estás viejo pecador! Hace tiempo que te busco con esmero.

Y de un sólo movimiento sacó su escopeta. Pero antes de hacer cualquier movimiento pensó “La abuela y caperucita pudieron haber sido devoradas por este panzón, echaré un vistazo”.

Y con ayuda de unas tijeras comenzó a abrir la panza del lobo, mirando de fondo brillar la capa roja de la niña, siguió cortando y cuando hubo suficiente espacio salió la niña de golpe y dijo:

Caperucita – ¡Ah pero qué susto he pasado! Estaba tan oscuro dentro de la panza del lobo.

Tras de ella salió la abuela, casi sin respiración, de inmediato el guardabosques y Caperucita le ayudaron a salir y llenaron la panza del lobo con piedras haciéndole una jugarreta y dejándolo solo unos momentos.

Al despertar el lobo sintió mucha sed y la panza llena, así que fue al río a beber un poco de agua.

Con dificultades llegó hacía el río, era tanto el peso que cargaba su estómago que cuando llegó al río e intento beber su peso le ganó y lo tumbó al río haciéndolo llegar al fondo sin poder jamás volver a salir.

Así Caperucita, la abuela y el guardabosque quedaron muy complacidos, y Caperucita pensó “Nunca más saldré del camino que mi madre me pide ni volveré a hablar con extraños”.

Moraleja:

Nunca hables ni des información importante a extraños y jamás desobedezcas a tus padres.