El encantamiento de Marcia

El encantamiento de Marcia

Puedo asegurarles que gran parte de las leyendas mexicanas de terror que les comparto, me las han platicado gente muy allegada a mí, por lo que no tengo ninguna razón para dudar de la veracidad de esas historias.

El día de hoy me gustaría hablarles sobre Marcia, una mujer que pasó noches en vela aprendiendo los secretos ancestrales de la magia negra, pues le entregaban los hechizos que estaban vinculados a los sentimientos humanos. Por ejemplo, el sufrimiento, el dolor, la felicidad, el amor etc.

Físicamente era alta, delgada, de rostro afilado y facciones delicadas. Se distinguía por poseer una inteligencia superior al promedio, lo que le permitía muchas veces aprovecharse de los hombres que la cortejaban.

Decía que ella ejercía una fuerza imparable sobre el género opuesto y que por ello, fácilmente podía decidir con quién entablar una relación.

Sin embargo, en una de sus sesiones públicas conoció a Gerardo. Él representaba lo opuesto a Marcia, tanto en cuestión de personalidad como de belleza. Tal vez por eso, la bruja se sintió atraída hacia él. Ya conocen el dicho “polos opuestos se atraen”.

Ella arregló un encuentro “casual” para lograr que él la invitara a salir. A pesar de eso, el hombre ni siquiera la volteo a mirar. Entonces Marcia cambió de táctica, fue hasta donde él estaba y tomándolo de la mano le murmuró al oído:

– Me gustaría que tú y yo nos conociéramos mejor. Te invito a tomar un trago.

– Le agradezco enormemente su invitación señora, pero yo ya tengo un compromiso. Estoy seguro que hallará a una persona digna de usted. Dijo Gerardo.

Marcia movió las manos formando patrones de figuras geométricas y también pronunció unas palabras. Súbitamente ella y el hombre se desvanecieron. En el momento en que Gerardo abrió los ojos se encontraba dentro de una cabaña de madera.

Frente a él estaba la bruja, quien en esos momentos le lanzó un conjuro:

– Pagarás con tu vida por tu rechazo.

La temperatura corporal del individuo comenzó a elevarse. Pronto su piel estaba llena de ampollas y sus órganos internos empezaron a reventarse. La piel fue consumida en segundos y los huesos se recubrieron de una sustancia de tono amarillento.

Al final, lo único que quedó intacto fue su cráneo.

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