Leyendas mexicanas La novia de Culiacán

Leyendas mexicanas La novia de Culiacán

Aquellos que sean del norte del país (o al menos tengan parientes en esa zona) habrán oído las leyendas mexicanas famosas que tienen como protagonista a la novia de Culiacán.

Se supone que una muchacha de nombre Guadalupe, a quien sus amigos y allegados la conocían con el sobrenombre de “Lupita” estaba muy entusiasmada pues en pocos días se iba a casar con su amor de toda la vida; Jesús.

La chica hizo pública la buena nueva, diciéndoselo personalmente a sus amistades más cercanas entre los que se encontraba Ernesto, un hombre que había entablado un fuerte lazo de afecto con ella desde que eran niños.

Jesús acude a la casa de éste y le hace prometer que él será uno de los padrinos de la boda. Ernesto acepta a regañadientes, ya que durante años ha estado enamorado en silencio de la joven.

Como reza el refrán, no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla y el día de la boda, Lupita descendió del auto ataviada con su vestido blanco. Lucía preciosa con el rostro de una mujer que cumpliría uno de sus más grandes anhelos.

El novio fue el primero en entrar al templo, seguido de cerca del resto de invitados. Finalmente le tocó el turno a la novia, quien iba del brazo de su padre. La ceremonia transcurrió normalmente y al final la nueva pareja selló su unión ante Dios con un tierno beso.

Posteriormente, Ernesto fue el primero en salir y sin que nadie lo notara se ocultó tras unos arbustos. Agachado y cubierto por las ramas esperó a que los novios salieran. En el instante en el que tuvo a Jesús frente a él, sacó de su chaqueta un arma de calibre pequeño que llevaba escondida y le disparó al joven en la cabeza.

El novio cayó herido de muerte al suelo ante el asombro de la concurrencia. Segundos después Ernesto se apuntó a la sien y acciono una vez más el gatillo de la pistola. Lupita no tuvo tiempo como para reaccionar y en lo único que pensó fue en arrodillarse frente al cuerpo de su difunto marido y comenzar a llorar desconsoladamente.

Con una de sus manos levantó la cabeza de Jesús y la colocó sobre su regazo. Luego de eso la chica fue llevada a casa para tratar de tranquilizarla. Pasada una semana, Guadalupe volvió a la iglesia vestida de novia y caminó por entre los jardines platicando y manoteando al aire.

Las personas que llegaron a verla, comentan que la muchacha a menudo repetía versos y frases extraídas de pensamientos románticos, tal y como si se lo sostuviera diciendo a su novio. Sólo que no había nadie con quien hablar.

Pasaron más de tres décadas y la gente de Culiacán veía a una mujer de blanco dando paseos por las calles del centro. Se piensa que en la actualidad Lupita ya ha fallecido, pues nadie la ha vuelto a mirar.

Podemos sacar como conclusión de esta historia que algunas veces la mente de las personas se transforma al presenciar cómo les arrebatan el amor de su vida, sin que puedan evitarlo.

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